PARA QUIENES TRABAJAMOS en los medios de comunicación, los comentarios de quienes escuchan, ven o leen nuestro trabajo son esas palmaditas en la espalda que nos fortalecen y nos dan la fuerza para seguir adelante, dejando atrás el alto nivel de estrés, las largas horas de trabajo y dedicación.
Y no es cuestión de ego, es más bien el saber que nuestro trabajo está llegando a quien debe llegar y en el momento en que debe llegar. Muchas veces ni siquiera estamos conscientes de la cantidad de personas a quienes podemos ayudar a través de nuestras páginas y las experiencias que en ellas plasmamos. No todas las personas que nos leen necesariamente nos escriben, pero eso no quiere decir que no gusten de lo que leen. Por esta razón, cuando recibimos emails, los valoramos enormemente pues vienen de personas que se han designado unos minutos para agradecer las palabras de aliento que han encontrado en un articulo o columna.
Recientemente recibimos un email de una señora que decía: “Sé que siempre estamos apresurados con el trabajo, la rutina, los pagos, etc. Pero quise hacer un alto en el tiempo para pedirles a todas las mujeres que se den un poco de tiempo para compartirlo con su pareja, todos los días. Tengo 42 años y finalmente estoy con la mujer que estaré el resto de mi vida. El año pasado recibí la noticia que tengo un tumor en el seno. Me di cuenta entonces que, de alguna forma, debemos darnos tiempo para querernos los unos a los otros, a nosotros mismos y debemos estar orgullosas de ser quienes y como somos. Gracias a She Magazine por ser una maravillosa revista para la mujer que se quiere a sí misma y ama a otra mujer”.
Este email fue la palmadita en mi espalda y la razón de mi sentimentalismo. Este email me puso a pensar en las veces que, por trabajar, dejé—y aparentemente sigo dejando de pasar unos minutos extras con la persona que me hace sentir plena en todo sentido. Este email me puso a pensar en las veces que yo he leído artículos que me han impresionado pero no he escrito a su autor para agradecerle por tan buen trabajo. También me acorde en los momentos que extrañé a mis padres, sin embargo no los llamé de inmediato para saludarlos. Me hizo pensar en lo que una enfermedad radical mueve en cada persona. Recientemente tuve un caso similar en mi familia donde hubo diagnostico de cáncer y pocos meses de vida de no darse el tratamiento adecuado e inmediato. Gracias a Dios y a la oración de familiares y amigos, todo resulto ser una muy desagradable noticia que dio un cambio de 360 grados. Esa enfermedad en la familia sirvió para poner los sentimientos a flor de piel y dio paso a poner la valentía por delante para tener las agallas de decir lo que se siente.
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